La dualidad del cosmos: el agua y sus paisajes

Entrevista con Guadalupe Aguilar

Otro mar

Por Ernestina Yépiz

La obra de Guadalupe Aguilar, en su conjunto y en cada una de las creaciones que la conforman —que en sí mismas son un todo también—, establece un diálogo —casi una intimista conversación— con el paisaje, la poesía, la escritura, el proceso creativo y la creación misma. En este contexto su propuesta artística es también una invitación a dejarse tocar por lo sutil, experimentar lo sublime y aprehender lo inasible: eso que de tan fugaz solo podemos palpar —hacer nuestro— en el instante o suma de instantes de la experiencia estética.

Guadalupe Aguilar, es doctora en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia; y, maestra en Historia del Arte, egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su producción creativa ha sido expuesta tanto en espacios nacionales como internacionales. En su quehacer de artista contemporánea explora la relación entre arte y naturaleza; de igual forma lo hace entre filosofía y poesía. En su trabajo utiliza como formatos de expresión y manifestación artística: la instalación, el video, el tejido, la escritura, el dibujo y la escultura.

En su trayectoria artística destacan diversas intervenciones, instalaciones y exposiciones: Über das gluck o La forma de lo posible, en el Instituto Cultural de México en Austria, en 2005; El agua en un hilo, en el Kunsthalle Krems, Austria, en 2006; Palabras en fuga, en La sala naranja, en Valencia, España, en 2007; en 2008; Agudeza, en la galería Huuto, en Helsinski, Finlandia, en el 2008; Naufragio invertido, en Culiacán, en el 2011; Soles filiformes, en la Celda Contemporánea, en la Universidad del Claustro de Sor Juana, en la ciudad de México, en 2012; Armonía, en la Gaals, en Culiacán, Sinaloa, en 2016; Rangoli-Solitaire, en Mysore, India, en 2016, entre algunas otras.


Actualmente, en una de las salas del Museo de Arte de Sinaloa, Guadalupe Aguilar, expone Azul profundo, una pieza escultórica con la que dialoga y crea vasos comunicantes con las marinas (acuarelas y dibujos) del maestro Edgardo Coghlan: ese diálogo —intimista conversación— es el tema sobre el que versa la presente entrevista.


¿Qué suscita la idea de crear Azul profundo?


Todo empezó con mis reflexiones y lecturas sobre la conciencia interna del tiempo, preceptos tomados de la filosofía de Edmund Hüsserl, principalmente. La idea primera fue hacer un corte en la superficie marina, con la pretensión de detener el vaivén incesante de la dermis del mar, pero no en una imagen, sino en un objeto y es así como surge la pieza Azul profundo. Vivo ahora tan cerca del mar que estos dos últimos años he reflexionado sobre la infinitud de su superficie y todo lo que guarda.


El entorno y el paisaje siempre influyen.


Sí, aunque si me voy un poco más atrás, creo que esta idea empezó a germinar en mí entre 2006 o 2007, cuando viví frente a un caudaloso río y el movimiento de la corriente me llevaba a pensar en la temporalidad de la naturaleza y sus fugitivas formas. Entonces materialicé estos pensamientos en un video y una escultura. El proyecto llevó por título El agua en un hilo, que consistió en dos cortes reticulares al flujo de la corriente, en donde el hilo conductor entre ambas piezas —el video y la escultura— es el Danubio, en cubo y en pixeles.


Ciertamente contemplar el agua en un hilo nos lleva a la abstracción de pensar en el fluir del tiempo.


Sí, ambas piezas plantean un ejercicio sobre la idea del tiempo e invitan a pensar el presente, como resultado de una ecuación que iguala el peso interno de pasado y futuro. El aquí y el ahora.


¿Por qué elegiste el Masin para la exhibición de Azul profundo?


En el 2011 expuse ahí la Otra forma, una pieza de dos metros cuadrados, que consiste en una cuadrícula de alfileres como soporte de partes geométricas del mundo vegetal. Ahí vi por primera vez las marinas que el maestro Edgardo Coghlan, realizó recorriendo parte del paisaje y la geografía sinaloense. Desde entonces dialogo con su obra y Azul profundo es la materialización de esa conversación. Considero, además, que es importante explorar el paisaje sinaloense, que durante este ya largo encierro nos ha sido negado. Es un buen momento para revalorar nuestro entorno y propiciar su cuidado.


¿Azul profundo marca alguna distancia con tu trabajo anterior? Lo pregunto, no por la parte conceptual o temática, sino por el tipo de materiales utilizados: parafina, cristal, metal, cables acerados y lámparas led.


Distancia en el sentido de alejarse no. En realidad creo que siempre me repito, incluso con el tipo de materiales. Además de la pieza descrita en la pregunta uno, que corresponde a una instalación exhibida en el Kunsthalle de Krems, Austria, en 2006; también he hecho gotas de resina, por algún tiempo me aferraba a detener el camino de las gotas de agua. Una vez hice una lluvia con agujas y otras veces esculturas de resina o parafina. Las gotas de resina nunca se han exhibido, pero la lluvia pertinaz de agujas sí, fue parte de la exposición Soles filiformes, que tuvo lugar en la Celda Contemporánea del claustro de Sor Juana.


Tuve oportunidad de ver esa propuesta poética-conceptual, visual y auditiva. Sí, recuerdo, ya usabas parafina. Ha pasado algún tiempo desde entonces.

Sí, creo que bastante, fue en el 2012


¿Cuál fue tu exposición previa a Azul profundo?


Creo que Azul Profundo es una continuación evidente de la exposición montada hace apenas unos meses en la galería Bauprés, en Mazatlán, compuesta de objetos que detienen las formas fugitivas del paisaje aledaño a mi hábitat mazatleco y que tuvo por título La permanencia de lo efímero.

¿Qué proyectos artísticos trabajas actualmente?


En una enorme impronta del mar atormentado y en detener la mente.

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